miércoles, 3 de octubre de 2012

El temor a cometer errores



 
 
La coherencia es una cárcel intelectual, defendida por quienes, con tal de no cometer errores optan por no hacer nada.

Es una lástima que sea así, pero los humanos progresamos muy impulsados por el dolor y escasamente atraídos por el placer (1).

De hecho ya alguien dijo: «Los seres humanos somos hijos del rigor».

Claro que este beneficio del dolor no es suficiente para que se lo cultive como si fuera una planta alimenticia, curativa o decorativa. Todo lo contrario, destinamos gran parte de nuestro esfuerzo a erradicar lo que nos molesta o podría llegar a molestarnos.

Precisamente son estas acciones provocadas por el sufrimiento lo que le aporta sus rasgos positivos.

Por lo tanto, luchamos contra lo que nos causa problemas y es este batallar lo que nos beneficia.

La deducción lógica, aunque paradojal, es:

Aunque los inconvenientes son desagradables,

— convendría no combatirlos hasta exterminarlos;
— convendría evitar cualquier actitud que disminuya el malestar que nos provoca;
— convendría conservarlos como fuente de estímulo que nos permite desarrollarnos como especie.

Las personas que no han tenido ni el talento ni la oportunidad de crecer intelectualmente, reaccionan con vehemencia cada vez que alguna contradicción se cruza en su camino.

Esas personas que no han tenido suerte, (porque ni la falta de talento ni la falta de oportunidades, es responsabilidad propia), son las verdaderas policías de la contradicción, sin tener en cuenta que la contradicción es universal mientras que la coherencia es una cárcel que, si bien quita libertad (de pensamiento) es amada y buscada porque protege a quienes temen cometer errores.

En suma:

1) El apego a la coherencia es una solución mediocre, pobre y empobrecedora, reclamada por quienes temen equivocarse, por quienes prefieren hacer lo mínimo posible por temor a ser criticados; y

2) Las molestias merecen ser amadas y rechazadas.


(Este es el Artículo Nº 1.679)


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