lunes, 3 de marzo de 2014

Vestimenta y población mundial


Si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

No creo que exista otro animal, grande como los humanos, que tenga una población tan abundante como la nuestra: somos 7.000 millones de ejemplares.

Hago énfasis en el tamaño porque los roedores, los insectos, los microbios, seguramente son muchos más.

Dando por aceptada esta afirmación, me pregunto cómo hicimos para llegar a este dominio, siendo que somos tan débiles, prematuros y dependientes.

Propongo una sola idea aunque manifestada por dos ejemplos. Somos tantos por nuestro apego a lo prohibido.

Efectivamente: La prohibición del incesto quizá sea la causa de la que menos se habla. El incesto es un tabú, tanto para practicarlo como para hablar de él. Por ese motivo somos tan prolíficos y amantes de copular.

La prohibición de mostrarnos sin ropas quizá sea la causa de la que mucho se habla pero sin considerarla como un factor que favorece la conservación de la especie.

Obsérvese que cuando estamos más desvestidos, cubrimos los genitales y, en la mujer, los senos, por tratarse de algo intensamente asociado a nuestra primera infancia.

No poder ver ni los genitales de ambos sexos ni los senos es algo tremendamente erótico. Si los viéramos continuamente perderíamos casi todo el interés por ellos y, me animo a pronosticar, no seríamos 7.000 millones sino muchos menos.

También me animo a pronosticar algo más: si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

(Este es el Artículo Nº 2.157)


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Una verdad sobre la verdad

La verdad es algo que sobrevuela nuestros discursos, pero que casi nunca se dice o se oye. Consideramos verdad a ciertas historias que contamos y nos cuentan, con la solemnidad de lo que merece respeto.

Me parece que la verdad nunca tiene forma de confesión. Al contrario, cuando alguien está  confesando es cuando más control intenta tener sobre lo que dice. Quizá la máxima expresión de falsedad y cinismo ocurra cuando alguien anuncia que está dispuesto a confesar.

Hasta la persona más pudorosa pueden llegar a exhibir su cuerpo con absoluto desparpajo, pero no así sus deseos, las intenciones, los sentimientos que guarda en su mente bajo siete llaves.

La máxima desnudez corporal solo puede llevarnos a demostrar que somos animales mamíferos, pero la desnudez psicológica puede llevarnos a demostrar que no somos humanos sino monstruos abominables, imposible de amar. Por esto preferimos que se burlen y nos humillen por nuestro cuerpo sin ropas, pero eso no dejará de ser una forma de mirarnos, de incluirnos, de amarnos, aunque sea negativamente (repudiándonos).

Sin embargo, algunas verdades decimos, quizá para desahogarnos, pero lo hacemos con gran disimulo. Filtramos los contenidos a revelar.

Quizá existan dos formas de colar eso que diremos: la ficción (imaginativa, surrealista, delirante, metafórica) y la humorística (sardónica, cínica, despectiva, descalificante, destructiva, agresiva, cómica).

Nunca confesaremos la envidia que sentimos por nuestro hermano menor, pero insinuaremos que «no es tan inteligente como parece»; nunca confesaremos quién robó aquel objeto de valor cuyo ladrón jamás fue descubierto, pero comentaremos extrañados «¡qué cantidad de delitos nunca son descubiertos por la policía...y de eso nadie habla!»; nunca confesaremos las atormentadas dietas que hacemos para conservar un cuerpo delgado, pero le haremos bromas a los obesos.

Y así por el estilo. A todo esto es a lo máximo que podemos aspirar en sinceridad, en confesión, en franqueza. Los humanos decimos la verdad, pero sin darnos cuenta. No la registran ni quienes las dicen ni quienes las oyen. El psicoanálisis intenta hacer una lectura entre líneas del parloteo humano y, probablemente, a veces encuentra verdades químicamente puras, tan insólitas que ni el propio confesor puede dar crédito a lo que dijo sin darse cuenta.

Quizá existan dos condiciones predisponentes para entender algo de lo que se dice sin querer:

1) Poseer un inventario exhaustivo de nuestros defectos personales; y

2) Asumir que nadie puede hacer, pensar o decir algo que no sea estrictamente humano. La especie es una cárcel hermética: nadie escapa de ella ni puede incorporar características no humanas.

(Este es el Artículo Nº 2.156)


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La ignorancia que necesita nuestra especie


Quizá necesitemos ignorar por qué existe la desigualdad socio-económica generadora de ricos y de pobres.

Les planteo una hipótesis que podría explicar la existencia de la pobreza.

1) Aunque somos animales mamíferos como tantos otros (perros, gatos, caballos), ninguna de las otras especies sufre tanta desigualdad en la disponibilidad de recursos como sufrimos los humanos. Por lo tanto, además de diferenciarnos porque hablamos, hacemos grandes construcciones y vivimos muchos años, también nos caracterizamos porque entre nosotros existen desigualdades significativas en la posesión de bienes;

2) Aunque existen muchas especies, —mamíferas o no—, que son gregarias (que viven en grandes comunidades), los humanos funcionamos como un todo, es decir, mantenemos una interacción entre los ejemplares que nos lleva a funcionar como si la especie fuera un gran organismo, que tiene cabeza, cuerpo, órganos vitales, aparato circulatorio;

3) Por esta condición de formar un gran organismo, cada uno de nosotros participa (sin darse cuenta) ejerciendo algún rol, ya sea de mando, de ejecución, de administración, de combate, de salvataje, de gestación de nuevos ejemplares, de curación, de legislación, y muchos otros;

4) Por esta condición de formar un gran organismos y de tener asignados roles, también tenemos asignados recursos materiales que determinan nuestras condiciones de vida. Sin que aun podamos explicarlo, muchos tienen que ser pobres, muchos menos tienen que ser ricos y varios tienen que tener posesiones de nivel intermedio. Proporcionalmente, muy pocos ejemplares migran de una condición a la otra, aunque todos deseamos la riqueza y huimos de la pobreza.

Como en un organismo humano, el aparato circulatorio de la especie nos asigna desiguales cantidades de sangre a cada ejemplar-célula.

En suma: así funciona nuestra especie. Esa desigualdad nos provoca reacciones necesarias para el funcionamiento orgánico. Si encontráramos una explicación satisfactoria sufriríamos un daño importante porque una parte de la energía vital surge de la disconformidad y de luchar por mejorar o defender nuestra situación. La incomprensión del fenómeno nos mantiene activos. Si lo entendiéramos perderíamos esa parte de la energía vital.

(Este es el Artículo Nº 2.133)


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El enamoramiento y su evolución esperada

El enamoramiento es un fenómeno mental provocado por una transitoria sensación de completud, alcanzada por una imaginaria fusión entre dos personas recíprocamente enamoradas.

Nunca está de más hacer algún comentario sobre el amor. En este caso, destinaré unos pocos párrafos a la enfermedad mental asociada, esto es, el enamoramiento.

Escribiré como si supiera, para que usted, acostumbrado a leer lo que escriben personas que se creen sabihondas, no extrañe. Si yo dijera honestamente que ni yo ni nadie sabe algo, usted podría aburrirse y no leer todo.

La psiquis tiene varias características muy notorias; una de ellas es que se angustia cada vez que se da cuenta de cuán incompletos somos. No solamente somos tristemente vulnerables, sino que además nacemos diez o doce meses antes. Todo andaría mejor si fuéramos gestados en unos 20 meses. En este caso saldríamos del útero un poco mejor terminados.

Esta carencia (la incompletud) es determinante de una cantidad de reacciones que no tendríamos si naciéramos tan perfectos como los demás mamíferos (perros, gatos, caballos).

Todos conocen el dibujo del burro y la zanahoria. Pues bien, ha llegado el momento de que usted sepa que ambos personajes, (el burro y la zanahoria), representan al ser humano: el burrito persigue a la zanahoria así como los humanos perseguimos a otra persona creyendo que, si contáramos con su compañía, abandonaríamos definitivamente esa insoportable sensación de incompletud.

Pues bien, como en todas las especies mamíferas, nuestra hembra es la que seduce a, por lo menos, un macho, quien, a partir de ese momento ingresa en un estado pre-psicótico porque lo invade la omnipotencia, la soberbia, el delirio de grandeza y otros síntomas de la misma enfermedad: psicosis delirante aguda, vulgarmente llamada enamoramiento.

Si el varón responde adecuadamente, la mujer ingresa en una patología similar y también imagina que a partir de ahora terminarán para siempre las penosas sensaciones de incompletud. Como ambas locuras son similares y complementarias, la pareja ingresas en el mismo cuadro: el enamoramiento.

¿En qué consiste este síndrome (el enamoramiento)? En que ambos se imaginan completos; pierden transitoriamente la lucidez de reconocer que uno es el burro y que la otra es la zanahoria, objetivamente separados y distantes.

La Naturaleza ha dispuesto que esta locura a dúo, sea reversible y, cuando la mujer ha dado por terminada su gestación de nuevos ejemplares, paulatinamente comenzará a darse cuenta que está incompleta.

Seguidamente, al varón le ocurrirá lo mismo porque ella comenzará a enviarle señales de prescindencia (es decir, que puede prescindir de él).

Estos dos seres, ahora padres de algunos hijos, recobran la salud mental pero sintiéndose apenados porque, por la propia sabiduría de la Naturaleza que procura la conservación de las especies, aquella patología fue más gratificante que la horrible realidad, es decir, que somos irremediablemente incompletos.

(Este es el Artículo Nº 2.147)


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El dinero es un instrumento bueno

De alguna manera, el Papa Francisco I propone trabajar gratis, o no estamos entendiendo qué quiere decir.

El próximo 25 de febrero de 2014, será presentado en el Vaticano un libro escrito por el cardenal alemán Gerhard Müller (imagen), titulado:  Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia.

El título del libro evoca una de las primeras declaraciones del flamante papa Francisco I, en marzo del 2013: "¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!"

Del prólogo, redactado por el Papa, extraigo este pensamiento suyo: «el dinero es un "instrumento bueno en sí mismo" pero, si no es ofrecido a los demás, se vuelve contra el hombre».

Comparto con ustedes unos comentarios:

Es un gran avance que la principal autoridad moral de los católicos diga expresamente "el dinero es un instrumento bueno en sí mismo".

Como digo, es un avance, especialmente si tenemos en cuenta dónde están parados los más espirituales, esto es, repudiando «el vil metal» (como suelen llamarlo).

Otra frase importante: "¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!" No es mucho lo que pueden hacer los curas sin recursos materiales. Ni los curas ni nadie. Quizá lo que quiso decir Francisco I es «Cómo quisiera una Iglesia rica (como la que tenemos) para (empezar a) ayudar a los pobres».

Otra idea valiosa: «si (el dinero) no es ofrecido a los demás, se vuelve contra el hombre». ¿Estaremos refiriéndonos al mismo ser humano o él está pensando en algún otra especie? ¿Usted se imagina qué pasaría si ofreciéramos nuestro dinero? Dependiendo de la fortuna de cada uno, ingresaríamos en la indigencia en no más de 30 segundos, gracias a lo cual, pasaríamos a ser los menesterosos que otros tendrían que ayudar.

Imaginemos: Si un partido gobernante, —a quien el pueblo le pide que haga algo para contener una ola delictiva—, propone la inmediata evangelización de los encarcelados actuales y también de los que alguna vez estuvieron presos, ¿cuánto mejoraría la seguridad ciudadana?

Lo que intento decir es que los humanos no somos generosos por una simple razón: SOMOS DÉBILES, nacemos prematuros, necesitamos dos décadas para convertirnos en adultos jóvenes. Con esta debilidad congénita, ¿alguien puede pensar seriamente que vamos a ofrecer el dinero que tanto nos cuesta ganar?

Con este tipo de política, expuesta desde la máxima autoridad eclesiástica, que llega a muchos millones de fieles (1.214 millones de bautizados en 2011), la Iglesia Católica está patrocinando más pobreza (¡cada vez tenemos más pobres!), así como el imaginario Ministro de Seguridad Interior tendría una pésima gestión si solo tratara de persuadir a los humanos delincuentes que comiencen a portarse mejor.

Las referencias fueron tomadas de INFOBAE  del 19-02-14

(Este es el Artículo Nº 2.128)


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Lo que cambia mientras todo sigue igual

La Naturaleza, segura de que nuestra especie ya tiene suficiente cantidad de ejemplares, quizá se preocupe menos por la conservación de cada inviduo.

Para muchas personas el psicoanálisis es una técnica, arte o ciencia demasiado sexualista, pansexualista, obsesionada con la función sexual.

Tienen razón: el psicoanálisis hace un gran hincapié en la sexualidad.

El motivo es que lo único importante para cualquier especie es perpetuarse. Todos los seres vivos estamos dotados de ese impulso a conservarnos como especie.

Como puede deducirse, para poder conservarla es preciso conservar a cada ejemplar.

Aunque la psiquis humana nos impulsa a priorizarnos como individuos, ahí tenemos uno de los tantos puntos de desencuentro entre lo que cada uno desea y lo que la naturaleza nos impone.

Efectivamente, parecería ser que a la naturaleza le importa bastante poco qué nos pasa a los individuos. Lo primordial siempre es la especie. De ahí que los individuos podemos quedar expuestos a peripecias que aumentan nuestra vulnerabilidad y mortalidad.

Peor aun: ahora que ya somos siete mil millones de ejemplares y que la especie parece tener un seguro de vida por muchos años más, es probable que la naturaleza (que se expresa en cada uno con los funcionamientos orgánicos automáticos, con los instintos, con las características más animales) se despreocupe aun más de los individuos.

En otras palabras: como somos muchos valemos individualmente menos pues cada uno dispone de múltiples suplentes.

¿Cómo se manifiesta este supuesto desinterés de la naturaleza por los ejemplares individuales de nuestra especie?

1) Nos reproducimos menos;
2) Perdemos interés por las relaciones sexuales;
3) Aumenta la cantidad de personas homosexuales (que no pueden reproducirse);
4) La proporción de ancianos respecto a los jóvenes es mayor;
5) Los métodos curativos pierden interés colectivo y, por lo tanto, eficacia;
6) Aumenta las posibilidades de conflictos armados y de epidemias;
7) La solidaridad pierde fuerza;
8) Se incrementan los casos de depresión;
9) El trato entre los individuos es más intolerante o indiferente;
10) El consumo de sustancias que nos apartan de la realidad, es mayor;
11) Las religiones disminuyen la cantidad de fieles;
12) Los entretenimientos solitarios ganan adeptos;
13) Se hace más difícil y costoso encontrar un espacio donde alojarse;
14) La presión económica sobre los Estados genera frecuentes crisis;
15) Las personas más vulnerables (niños, enfermos, ancianos) perecen en mayor cantidad;
16) Aumentan los delitos contra la vida;
17) Al aumentar el estrés aumentan las enfermedades psicosomáticas;
18) Aunque tenemos anatomías muy diferentes, los roles de los varones y de las mujeres cada vez se parecen más.

Los interesante es que, a lo largo de la historia, estas sensaciones siempre existieron. La única novedad es que nunca antes fuimos siete mil millones de ejemplares, mientras que el tamaño del planeta sigue siendo el mismo.

(Este es el Artículo Nº 2.140)


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La mitad pobre alegra a la mitad menos pobre

La mitad de la población mundial disfruta enterándose de que la otra mitad está peor, que sufre, que es más pobre.

Cursa el mes de febrero de 2014 y, desde el mes pasado, la prensa destina un gran espacio de sus noticias a indicarnos que las 85 personas más ricas del mundo poseen el mismo patrimonio que posee la mitad más pobre de la población mundial.

El dato, desde mi punto de vista, directamente estimula la envidia, propia de la psiquis de cualquier ser humano y además alegra los corazones egoístas de la otra mitad de la población mundial.

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre cómo manejan los medios de comunicación las desigualdades económicas que existen dentro de nuestra especie.

Aunque infaltablemente esas reiteradas informaciones abundan en alusiones a conceptos, tales como: «injusticia distributiva», «imperdonable avaricia», «pecaminoso egoísmo», «aberrante obscenidad», el fenómeno periodístico quizá tenga un motivo más profundo, además de condenar a la mencionada desigualdad económica.

En primer lugar, no creo que las empresas periodísticas estén interesadas en erradicar la desigualdad distributiva porque, si esto ocurriera, ellos tendrían menos para informar.

Si saliéramos del planeta por un momento y nos guiáramos por la mencionada información, podríamos decir que la mitad de la población mundial sufre y que la otra mitad mira cómo la primera sufre.

Desde la estratósfera, podríamos pensar que los únicos en condiciones económicas de comprar información son los integrantes de esa mitad de la humanidad que no es la más pobre. Por lo tanto, todo lo que se diga de los más pobres no llegará a ser conocido por los mismos, pues son tan pobres que no tienen dinero para informarse ni siquiera cuando se los menciona.

Es probable que la dimensión de las empresas informativas sea la adecuada para conservar su salud económico-financiera vendiéndole las noticias solo a la mitad de la población mundial. Estas empresas cuentan con que la otra mitad de la población no sea cliente.

Para que los clientes sigan comprando tienen que estar felices con las noticias. Las únicas noticias que compramos son las agradables, las que nos proveen algún tipo de placer. No compramos noticias que nos provoquen úlcera, insomnio, diarrea. Esto es así y debe ser aceptado como una verdad axiomática.

Si la mitad de la humanidad compra la noticia de que la otra mitad está pasando hambre es porque algún tipo de placer recibe con esa información. Por ejemplo, puede disfrutar pensando: «Yo no estoy tan mal como los otros»; «Tengo que cuidarme de no convertirme en pobre»; «Reafirmo que los gobernantes son todos unos inútiles porque no logran sacar de la pobreza a la mitad de la población»; «Si no integro el grupo de los 85 es porque me daría vergüenza ser tan rico»; «Quienes son más pobres que yo ‘algo habrán hecho’ para recibir ese castigo»; «¡Qué divertido es ver cómo se pelean los ricos y los pobres! Los de clase media somos los mejores».

En suma: Las noticias sobre la injusticia distributiva complacen a la mitad de la humanidad (tres mil quinientos millones de personas).
Bebito hace caca leyendo un diario.jpg

(Este es el Artículo Nº 2.121)


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